Periodista
Al Chacho Coudet lo corre la urgencia de que el equipo sea lo que su reputación histórica manda y obliga, pero por herencia y por presente sus planes de volver a esa tierra de títulos y buen juego están siendo un castigo constante. Gimnasia LP este miércoles y Rosario Central el domingo van a ser dos partidos definitorios donde no tiene chances de errarle al rumbo. Como en los relatos griegos, es hora de que deje de hacer enojar a los dioses de la pelota o va a seguir naufragando tempestades inclementes.
Lo que debe hacer para que esas tormentas no sigan azotando no es más ni menos que jugar bien al fútbol y respetar las leyes riverplatenses. Nadie pide a los gritos que el equipo gane; lo que millones de hinchas piden y exigen es ver a un equipo que se pase la pelota con precisión y técnica, que haya jugadores que usen la gambeta como estilo, que puedan verse jugadas de gol claras y peligrosas y que los rivales sientan el temor de enfrentarse contra River.
Injusta o no, la responsabilidad de lograrlo es del Chacho Coudet, que es verdad que heredó tres años de mal juego y mercados de pases que se convirtieron en fracasos, pero ahora todo este asunto está en sus manos. Le barrieron el plantel para que pueda empezar a trabajar de cero, le resolvieron de un plumazo el conflicto de Juanfer antes de que escalara, le sumaron 6 refuerzos para el debut del Clausura, le van a traer 3 más y tuvo un mes de pretemporada. Pero lo que no pueden darle es tiempo y paciencia, porque lamentablemente para el DT y para la dirigencia son épocas donde nadie convive con la espera.
Coudet tiene muy en claro lo que se juega y que no le basta con ganar; ya lo vivió el semestre pasado cuando llegó a los tumbos y, como pudo, a una final que, como lo hizo jugando mal y padeciendo, nadie se lo reconoció. Porque el malestar no es con el resultado solamente, es con la falta de identificación y, sobre todo, con la falta de placer en el juego. “Ver a River es un dolor de ojos”, repite la gente.
Ahora, él tiene a Borré, Otamendi y a Correa como en su momento llegaron a Driussi, a Acuña o a Montiel. Por ahí se empieza, porque al fin de cuentas el fútbol de calidad se juega con buenos jugadores. Pero después hay contextos, rivales, sensaciones, tácticas, imprevistos y partidos, y con eso tiene que lidiar el River de Coudet, como ya lo hizo sin éxito Gallardo en su regreso a fines de 2024. Si Coudet está donde está como entrenador de River es porque no le faltan aptitudes ni condiciones, pero el tiempo de demostrarlas es ahora, ya, porque lo único que no tiene es, eso mismo, tiempo.
NZ
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