La histórica eliminación de Brasil quedó atrás y la ilusión de la Selección de Noruega se prepara para el desafío más grande de su historia reciente: enfrentar a Inglaterra en los cuartos de final del Mundial 2026. Sin embargo, el optimismo se vio opacado por una inesperada preocupación en la concentración. Distintos integrantes del plantel presentan síntomas compatibles con un fuerte cuadro gripal, incluyendo tos persistente, ronquera, malestar general e incluso dificultades para respirar.
El entrenador Stale Solbakken, quien también manifestó estar sufriendo los síntomas, no ocultó la gravedad de la situación ante los medios: "Hay ataques de tos y ronquera aquí y allá. Somos más de 50 personas, así que sería extraño que uno o dos no se vieran afectados", admitió, dejando en claro que el estado de salud de la delegación es el principal foco de atención.
Entre el agotamiento y el calendario: las causas de la crisis en Noruega
Aunque los rumores sobre un virus circularon con fuerza, el cuerpo técnico desestimó la posibilidad de un brote infeccioso. La explicación, según el estratega, radica en un factor externo mucho más concreto: el desgaste extremo por la logística del torneo.
Desde su base en Greensboro, Carolina del Norte, el equipo ha mantenido un ritmo frenético con traslados constantes a sedes como Boston, Nueva Jersey, Dallas y ahora Miami. La combinación de cambios bruscos de temperatura, largas horas en aviones y el uso intensivo de aire acondicionado ha debilitado las defensas de los jugadores.
"El aire acondicionado, los vuelos, los vestuarios... son muchísimas horas de viaje. Todo eso termina afectando al cuerpo", explicó Solbakken, quien confesó que el impacto del torneo ha sido tan brutal que, tras vencer a Brasil, apenas tuvo fuerzas para irse a dormir.
Casos críticos y la carrera contrarreloj
La preocupación no es generalizada, sino que afecta a piezas clave del andamiaje nórdico. Algunos casos, como el de Jorgen Strand Larsen —quien registró fiebre y debió ausentarse de una práctica—, han encendido las alarmas máximas.
Asimismo, la situación de Marcus Holmgren Pedersen refleja el impacto emocional y físico de la competencia. Tras su despliegue ante Brasil, el jugador terminó exhausto, un fenómeno que Solbakken atribuye a la juventud y a la presión de haber superado las expectativas iniciales. "Su cabeza y su cuerpo comenzaron a resentirse", analizó el técnico.
Ahora, Noruega afronta el partido más importante de su presente ante Inglaterra, uno de los máximos candidatos al título, bajo una presión adicional: la de saber que, además de vencer a un rival de jerarquía mundial, deberán superar el "enemigo invisible" del agotamiento físico. El sueño escandinavo pende de un hilo, y la recuperación del plantel en tiempo récord definirá si la aventura mundialista continúa o si termina de forma abrupta por esta "pesadilla" de salud.
BP
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